Friday, January 24, 2003


24 de enero

Tengo muchas ganas de escribir, pero no me sale nada. Hoy amanecí ágrafa. Está cayendo la tarde y el Pacífico se ve pre-cioso. ¿Porque empiezo con una descripción tan común? No se. El Pacífico casi siempre se ve precioso al atardecer. La ex-cepción es cuando no. Y con una copita de Casillero del Diablo, imposible no amar este Océano belicoso que jamás ha cono-cido la paz. En fin, hoy tal como lo anticipaba, la inspiración se me diluyó bastante.
De entrada, me desperté bastante tarde, pasada la una de la tarde. Dormí deliciosamente. Sí, ya se que es una imágen muy común, pero soñé que volaba. Me elevaba en los aires o más bien dicho algo me elevaba. Era una cosa, una fuerza externa a mi. ¿Extraterrestres? No soy precisamente fanática de la ovnimanía y el delirio de ver marcianos en paseándose en cada estre-lla, pero ayer soñé algo así. De hecho podría afirmar que es la primera vez en mi vida que sueño con extraterrestres. Sí, ya se que los fanáticos del tema dirían que los sueños revelan un contacto astral o alguna fumada así por el estilo, pero yo con toda honestidad le voy más ala interpretación psicoanalítica de los sueños. ¿Que interpretación le daría Kleber a este sueño? Si en tu segunda noche en Los Cabos sueñas que vuelas, significa que...???? No, se lo dejo a Kleber de tarea, a mi no me pagan por interpretar nada. Baste saber que soñé eso y ya. Por ahora ya está anocheciendo y el Pacífico tiene un brillo extraño.

Thursday, January 23, 2003

23 de enero. Ya entrada la nochecita.

Se supone que sí tengo un lector, por lo menos debo tener la decencia de presentarme. Azucena me dijo que escribir una autobiografía es una buena terapia. Pero las autobiografías suenan burocráticas. Me siento como si estuviera escribiendo un currículum para un trabajo o como si estuviera llenando mi ficha de inscripción a una institución.

A ver como oye: Nombre: Amber María Aravena Santander
Lugar y fecha de nacimiento: Temuco Chile, 24 de febrero de 1970. (Les ahorro los cálculos, voy a cumplir 33 años dentro de exactamente un mes)
Nacionalidad: Chilena, mexicana y gringa. Las tres y ninguna. (Mi acento me delata. Ya no es de ninguna parte)
Profesión: Estudié antropología. (Hace un mes me pagaban por ser maestra y traductora y los últimos tres años de mi vida los empeñé en cuidar a un niño con cáncer que igual se me murió)
Estatura: Un metro y 72 centímetros.
Peso: Tras 28 días en la clínica de recuperación, 52 kilos.
Color de ojos: Cafés
Tez: Blanca.
Cabello: Negro.
Estado civil: Gracias a Dios divorciada.
Hijos: Ninguno logrado. Tres abortos. Uno inducido y dos involuntarios. Hijo adoptivo muerto hace dos meses.
Padres: Carlos María Aravena Plaza y Herminia Dolores Santander Núñez. Ambos finados.
Ocupación actual: Alcohólica, cibernauta, ociosa y hedonista.
Diagnóstico clínico: Severo complejo de etapa anal según el Doctor Kleber Caliguri. La analidad con patas, en sus propias palabras. Cuatro diferentes especialistas solo se han puesto de acuerdo en una cosa: Desde hace muchos años, tal vez desde que habitaba en el útero materno, estoy D-E-P-R-I-M-I-D-A (Ojo, no es sinónimo de triste) Sobre las causas se la pasan deba-tiendo.
Miedo primario: Un monstruo rojo con cuerpo de serpiente y hocico de coyote que habita en la taza de algunos baños del mundo.
Religión: Los lunes amanezco nahualista, en las noches sin luna profeso el culto Wicka, en mis cumpleaños soy animista, los domingos al medio día totémica y todos los días dionisiaca. (Tuve tres años de ateísmo en que me empeñé en negar a Dio-nisio, por cierto los más horribles de mi vida)
Antecedentes penales: Dos choques en completo estado de ebriedad y deseos no consumados de apuñalar al marido duran-te la etapa abstemia. A los tres años comunista subversiva huyendo oculta en una cajuela.
Número de parejas sexuales en la vida: Solo dos constantes, más cuatro amantes ocasionales, uno de ellos del sexo femenino.
Bocas besadas: En 32 años he besado de lengua a 17 hombres y a una mujer.
Primer orgasmo: 13 de septiembre de 1986. (Para satisfacer a los curiosos, me lo provocó la única mujer de la lista)
Primera menstruación: 3 de diciembre de 1980. 10 años.
Última menstruación: 24 de octubre 2002. (No estoy embarazada, solo tengo un grave cuadro de amenorrea)
Bebida favorita: Casillero del Diablo, por supuesto y antes de las nueve de la mañana café.
Comida favorita: Asado de res en término medio, ostiones aumados y chorizo uruguayo. De postre flan con cajeta.
Libro favorito: Mmm, la Historia del Ojo de Bataille e Ipanema cumple años, de Ipanema Dávila y muchos más que no re-cuerdo.
Meta en la vida: Estar sentada frente al Pacífico tomando una copa de Casillero del Diablo, tal como lo hago en este mo-mento.
Lema en la vida: Carpe Diem.

¿Algo más? Mmm. Creo que ya fue todo por hoy. No me gusta ser burocrática.


23 de enero 2003- Todavía más tarde

Esta cosa del blog ya me gusto. Estoy como niña con juguete nuevo. Amber Aravena viaja a Los Cabos y se encuentra a si misma en la red.
Bueno, tal vez mañana esté aburrida. Tal vez mañana no quiera saber nada de este maldito espacio y estaré arrepentida de haber escrito la historia del monstruo de la taza. Por lo pronto, desde que salí del café internet me estoy imaginando quien y como será el lector de esta página. No me imagino a un millón de cibernautas. Me prefiero imaginar a uno solo. Entonces me pregunto ¿No se supone que estoy escribiendo esto para mi misma? Pues no, no estoy escribiendo para mí. Lo único que da sentido a esta basura es la posibilidad abierta de que alguien lo lea ¿Quien? Me importa un carajo quien. Pero para limpiarse es necesario confesar. No para escuchar un consejo, ni un consuelo. Nada de eso. No quiero dar lástimas. Odio eso. No quiero impresionar al mundo con lo enferma que estoy. No. El católico que se confiesa nunca ve el rostro del sacerdote. El paciente que se acuesta en el diván no mira al rostro del psicoanalista. Simplemente saca, eructa, vomita. En mi caso quiero cagar, ca-gar mucho. Sacar toda la mierda que he retenido. Sentirme como me sentía en el parque de Temuco., como me sentí anoche en la arena de esta playa. Cagar. Me gusta como se escucha la palabra C-A-G-A-R. Hacer popó, defecar, zurrarme, evacuar, expulsar, sacar de mi cuerpo, vaciarlo, exorcizarlo. Todo menos retener. La mujer del complejo anal está dispuesta a combatir a muerte para que no quede nada dentro de ella.



23 de enero de 2003- más tarde

No puedo creerlo. Que horror. Entonces, esto sí es jodidamente cierto. Ya existo en la red. En esta maldita selva ya existe un rincón en donde se puede conocer la historia del monstruo que habita en la taza del baño. En el fondo pensé que esta mier-da solo podría verse en mi lap top, pero no. Estoy en un café internet en la Calle Lázaro Cárdenas de Cabo San Lucas y estoy entrando a mi página. Por primera vez me cae el veinte de que en verdad se puede entrar a este recipiente de marranadas des-de cualquier maldita computadora del mundo, como si fuera mi hotmail. O sea que si un explorador tenaz o algún incauto por accidente se le ocurre teclear la apalabra mágica www. amberaravena.blogspot.com se va a llevar una gran sorpresa.
¿Sorpresa? ¿Y porque? ¿Que acaso soy tan importante? ¿Quien diablos se podría sorprender? ¿Derek? ¿Saladín? ¿Lexy? ¿A quien más le puede importar que haya una enferma mental que tiene problemas para cagar? A nadie, pero yo estoy con-tenta. Sí, este blog va a ser mi psiquiatra desde ahora y a lo mejor resulta ser tan bueno como Kleber. Por lo menos, dicho en sus propias palabras, ya está operando la transferencia ¿Me podré enamorar de mi blog?


23 de enero 2003-

Como cagando el parque de Temuco

Cuando era niña tenía pavor de cagar. Tenía la seguridad de que por el escusado iba a salir un monstruo. Era horrible. Me lo imaginaba como una serpiente roja, pero con hocico y dientes de lobo. No sé si lo habré visto en algún dibujo o yo lo dise-ñé en mi imaginación, pero era espantoso. Yo estaba segura que el monstruo vivía en la taza del baño e iba a morderme.
Cada que tenía que ir al baño me daba horror. Era peor que caminar sola en un pasillo oscuro. Ir al baño era lo que más miedo me daba. Como quiera, me las arreglé para aprender a mear en la tasa, pero meaba con muchísima prisa. Me levantaba corriendo cuando todavía ni acababa de hacer y me manchaba toda. Pero con la cagada sí que no podía. No había poder humano que me hiciera cagar en la taza. Mi mamá se quedaba acompañándome para cuidarme del monstruo pero la cagada no salía. Pasaban las horas y yo temblaba arriba de la maldita taza. Estaba segura de que iba a sentir la mordida del monstruo en cualquier momento. Después mi mamá se resignaba y me mandaba a dormir. Algunas veces me hice en la cama, no creo que más de cuatro, pero me regañaron muchísimo. Bueno, me regañaba mi mamá porque papá era más paciente.
Entonces pasó lo peor. Tenía miedo de cagarme en la cama porque mi mamá se ponía como loca, pero me seguía dando pavor sentarme en la taza porque estaba segura de que ahí vivía el monstruo.
Me cuentan que me puse panzonsísima. No se cuanto tiempo pasó, pero yo creo que fueron varias semanas en que no podía cagar. Me metieron purgas y ni así. La panza me dolía. Hasta que papá encontró la solución. Me llevó a pasear al parque que estaba a unas cuadras de la casa. Nosotros vivíamos en un edificio de apartamentos y casi nunca podía salir al aire libre. Cuando estábamos en el parque papá me llevó atrás de unos árboles y me dijo que intentara cagar, que no me preocupara, porque en el pasto no había ningún monstruo. Y pasó lo increíble. Cagué. Cagué muchísimo y me sentí muy bien. Muy rico. Sentí que me liberé. Ese es el recuerdo más viejo de mi vida. Ese fue mi primer placer. Parece increíble. Eso fue hace 30 años y todavía recuerdo la sensación. Cagar, cagar, era delicioso, como si fuera un orgasmo. A partir de entonces papá me llevaba todos los días al parque, como una perrita de casa a la que sacan a hacer sus necesidades. Mi mamá decía que era una asque-rosidad. Papá pedía paciencia. Ya se acostumbrará, ya le iremos enseñando a perder el miedo, decía. Pero el miedo nunca lo perdí del todo, aunque llegué a dominarlo. Eso me pasó cuando vivíamos en Temuco y yo vine aprendiendo a dominar el miedo cuando ya estábamos en México.
En verdad muchas de estas cosas las sé porque papá me las contó después, aunque yo sí me acuerdo mucho de las sensa-ciones. Puedo jurar que tengo muy presente el día en que cagué por primera vez en el parque. También me acuerdo el dolor de panza que sentía cuando pasaban muchos días sin poder hacer.
Que chistoso. Esa es la imagen y el recuerdo más importante que tengo de mi país de origen. Si fuera sincera, cada que al-guien me preguntara que es lo que más recuerdo de Chile, diría que es el país donde yo era feliz cagando en el parque. Casi no me acuerdo de nada más. Ni siquiera me acuerdo de esa historia que tanto me contaban de que ese mismo año huimos del país, escondidos en la cajuela de un carro de la Embajada de México. La verdad no me acuerdo nada. Papá dice que yo iba dormida y que fuimos en la cajuela por más de 17 horas hasta que cruzamos la frontera boliviana.
Yo tenía tres años. Nosotros vivíamos en Temuco en donde papá era funcionario de Agricultura. En Temuco estaba el par-que donde yo cagaba. Era el invierno del 73. Invierno chileno conste. Papá siempre militó en la Unidad Popular. Él me dijo que si no hubiéramos sido ocultados en la cajuela de ese carro nos hubieran matado, como mataron a muchos de sus amigos. Pero a la mierda con eso. No voy a usar este espacio para hablar de los dramas de unos exiliados. Ya bastante estoy hastiada de estas historias como para hacer incluir la mía. No faltan románticos que le achacan mi costal de traumas al golpe de Pino-chet y el dolor del exilio. A veces a mi misma me gusta jugar con eso, aunque son puras patrañas. Mis traumas los hubiera te-nido con o sin golpe militar. Después de todo, el monstruo apareció en mi imaginación cuando Allende aún gobernaba. Y yo creo que el monstruo del baño se quedó a vivir muy feliz con la dictadura o no consiguió pasaporte para exiliarse, porque lle-gando a México, mi miedo se fue controlando.
Me daba miedo cagar sola y siempre le pedía a mamá que me acompañara, pero al menos ya no necesitaba ir al parque. Después el monstruo se me fue olvidando. Para cuando entré a la primaria ya podía ir sola al baño., aunque hasta la fecha soy estreñida. El problema es que el monstruo me ha seguido visitando de vez en cuando. En el momento en que menos lo es-pero, siento horror de estar sentada en la tasa del baño. De verdad, es un escalofrío y me pongo a sudar. Me habrá pasado unas cinco veces siendo ya grande. La última vez que me había ocurrido fue cuando viajé con Saladín a Puerto España. Me pasó en el baño de la casa de sus padres. Sentí que el maldito monstruo estaba ahí, listo para morderme. Los ocho días que pasé en Trinidad estuve estreñida. Después regresé a Portland y nunca volvió a sucederme, hasta anoche. Quizá esa es la ra-zón por la que decidí empezar mi diario cibernético con mis confesiones escatológicas.
Anoche llegué a Los Cabos y abrí la puerta de esta que será mi casa por quien sabe cuanto tiempo. A lo mejor será mi casa para siempre, pues el siempre de mi existencia se puede reducir a unos días. Anoche llegué y estaba a oscuras. No encontraba donde está el transformador. Solo se escuchaba el ruido del mar. Me estaba cagando. Ya desde la carretera sentía ganas de ir al baño. Me costó trabajo dar con el fraccionamiento. Está en las afueras de Cabo San Lucas, aunque Lexy me lo pintó mucho más fácil de llegar. Tardé más de una hora en dar con él y solo logré llegar hasta la puerta hasta que uno de los guardias acce-dió a acompañarme. Para que no dudara de mi, le enseñé la tarjeta para abrir la puerta y la copia de la carta donde Lexy me autoriza a usar su propiedad. Cuando por fin estuve sola, busqué a tientas el baño. Entonces sucedió. Estaba sentada en la taza y sentí el escalofrío. La imagen del maldito monstruo me llegó nítida, igualita a la de Temuco. Rojo. escamoso, con su largo hocico de lobo. Sentí que no podía estar sentada ahí y no podía estar en esta casa. Pensé en largarme a un hotel. Pero entonces me puse a pensar en papá. Que raro, la imagen que me llegó no fue la del borracho tirado sobre sus pinturas en una banqueta de Coyoacán. La imagen fue la de mi papá como un joven de 28 años, con su pelo y su barba, y su chamarra de gamusa, la que se ponía para salir al parque. Entonces me sentí bien y salí a caminar por la playa. La luna estaba preciosa. La arena se sentía rica en mis píes descalzos. Podía ver el reflejo del Pacífico aunque prefería cerrar los ojos y concentrarme en escuchar-lo. Entonces lo hice. Me levante la falda, me senté y cagué en la arena. ¿Soy un asco? Los habitantes de este fraccionamiento tienen una nueva vecina que caga en la playa privada. Bonita bienvenida. Como sea, me sentí casi tan bien como en mis tar-des del parque en Temuco. La misma paz, esa plenitud existencial, esa liberación. Me sentí relajada y me dormí, ahí, sobre la arena y el sueño fue como un exorcismo.
Hoy me he dedicado a asear la casa. En verdad es bonita y veo que Lexy, con su complejo de Martha Stewart, tiene un en-diablado buen gusto para decorar.
Esta confesión es mi tarea y me ha servido. Fue Azucena quien me recomendó que empezara una cosa de estas. ¿Un blog? Sí. Me explicó que es como tener tu propio diario en la red, con la diferencia de que todos pueden verlo, si acceden a la di-rección. Es como un psiquiatra, es muy bueno, me dijo y aquí estoy, siendo obediente. Creo que me ha hecho bien escribir todo esto. Se supone que si lo envío va a quedar subido en la red. ¿Me habré vuelto exhibicionista? Caray, un bulto más en mi saco de traumas. A lo mejor esta es la única mierda que escribiré aquí. Desde niña he querido escribir un diario y nunca he podido evitar aburrirme. El secreto, me dijo Azucena, es que el diario es para ti solita y lo escondes bajo tu cama para que na-die lo vea. En cambio esto lo puede ver una persona, dos personas, mil, un millón, nunca sabrás. Te estás confesando con el mundo. Con todos y con nadie. Puedes decir verdades completas, verdades a medias o puras mentiras. Y sí, es como si todo el mundo fuera mi psiquiatra. Aquí iniciaré mi proceso de transferencia. Podría decir muchas mentiras ¿Que secretos quiere leer un voyerista en el diario de una mujer recién divorciada? ¿Quieren que invente que engañé a mi marido cogiendo en un establo con un jardinero moreno de ojos verdes? ¿O que les platiqué una fantasía estilo película porno? Vaya chasco. En el primer capítulo del diario de Amber Aravena la protagonista les hace su más oscura confesión. Un relato de cagadas en luga-res públicos. Que bonito ¿Les ha gustado improbable millón de lectores? ¿Estoy enferma? Sí, digan como Kleber Caliguri, mi ex psiquiatra, que me definió como el diagnóstico puro del complejo anal. Eres la analidad viva, me dijo y hasta me pidió permiso para citar mi caso como base para un ensayo. En todos sus años de carrera nunca había escuchado un caso tan extre-mo de retención. Bueno, al menos una gracia he de tener. Por lo menos soy un caso psiquiátrico extraordinario. Pero ya no quiero retener más. Lo que haya en mi culo se tiene que largar muy lejos, a arrastrarse por la superficie del mundo. Así como anoche cagué la arena de Los Cabos, esta pantalla será un cagadero. La bacinica de todos mis traumas.